Me hago un café con leche con mucha espuma, me siento en mi escritorio y lo disfruto como si fuese el mejor café del mundo. Como ese que tomé una vez en Roma, abajo un techito de un bar precioso. Me acuerdo que llovía y la ciudad del amor se lleno de paraguas gigantes de colores.
Se nota que estoy de buen humor, estoy pensando cosas lindas. Sonrío y recuerdo mi bella semana. Mi encuentro con Anita mágico, mi encuentro con Meli, mis amigos, las borracheras que me agarré. Lo que me lloré ayer en la obra por favor. Fue terapéutico. Hacía unos tres meses que no lloraaba (muy raro en mi). Pero ayer la obra triste me sirvió de excusa para descargar. Hoy estoy liviana como una pluma. Y muy ansiosa por llegar a casa y agarrar mi tutu.
Que más puedo pedir eh?
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