Camino con cara de orto por Callao totalmente mojada y sin poder fumar un cigarrillo por la lluvia. Cargo la sube, me quejo porque perdí un tren, me quejo por los pies mojados, me quejo por estar toda despeinada. Básicamente me quejo.
Ni siquiera pongo música en los auriculares porque ya viaje demasiado todo el día y no me da el cerebro para seguir escuchando música.
Me quejo porque son unas 15 estaciones. Me quejo cuando veo la hora. Me quejo.
En una de las estaciones entra un hombre morocho, vestido con chaleco y un traje pero medio así no más. Entra y apoya una valija en el suelo y dice "hola buenas tardes". Me quejo porque pienso "uufff otra vez otro boludo que viene hacer boludeces"
El señor dice que es mago y comienza a hacer distintos trucos muy buenos (ok me cerró el culo). Pasaba entre sus manos pañuelitos de colores que desaparecián y hacía cosas muy lindas. Quemó un papel que se convirtió en una flor la cual se la regalo a una chica muy linda sentada en frente mio. Absolutamente todo el vagón sonreía y yo me había olvidado de mi ropa mojada y había dejado de mirar el cartelito para ver porque estación ibamos.
Finalmente el hombre se despide con una frase sobre el arte. Todos le dimos plata. Lo aplaudimos. Salió por la puerta.
Fue un segundo solo un segundo que el mago se fué y en el vagón se hizo un completo silencio. Se borraron las sonrisas y todos volvieron a ponerse su auricular. A mi se me hizo un nudo en el estomago. Y pensé. Si, volvimos a la realida. Volví a quejarme y a mirar el cartel de las estaciones.
Ahora entiendo porque vivo del arte.
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